En tonos azules profundos y grises tormentosos, Mar Abierto representa ese instante en que el océano guarda silencio después de un día de lluvia.
Las olas siguen vivas, pero ya no pelean contra el cielo; solo se mecen, pesadas, respirando con calma.
Es un paisaje emocional.
Un reflejo del alma cuando atraviesa una tormenta y comienza a encontrar sosiego.
Una metáfora del duelo, de la introspección, del momento en que todo lo removido empieza a asentarse.
Aquí, el mar no es violencia ni calma absoluta.
Es profundidad. Es tránsito.
Es esa vastedad que sentimos cuando, al mirar dentro, descubrimos que también somos agua.

